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Enseñar y aprender idiomas: procesos análogos e imaginación

Ana Patricia Rodríguez Gutiérrez*

Transitando la enseñanza de español: el PIEC en la UNAM-Canadá

Enseñar y aprender idiomas: procesos análogos e imaginaciónDesde hace más de medio año, cuando comenzaron mis prácticas profesionales en la UNAM Canadá, gran parte de mi trabajo ha girado alrededor del Programa Integral de Español y Cultura, al cual conocemos por su acrónimo PIEC. Este programa fue desarrollado en la UNAM Canadá y entre sus objetivos está el lograr un equilibrio entre el conocimiento gramatical y la habilidad para desenvolverse en la lengua. Sirve de poco obtener resultados formidables en nuestros exámenes escritos si nos quedamos pasmados, incapaces de expresarnos en el idioma que aprendemos. En el PIEC también se toman lecturas, referencias a lugares y otros aspectos de la cultura como punto de partida para generar actividades y proponer conversaciones.

Durante la práctica he realizado actividades interactivas, infografías y videos didácticos basados en el diseño del PIEC, específicamente, del primer módulo. Como los contenidos ya están elaborados, no participo en realidad en el diseño de los cursos, sino en el proceso de explicarlos y compartirlos mediante diferentes "recursos didácticos digitales". Durante la práctica también he apoyado la impartición de otros cursos y compartido algunas otras actividades culturales, varias de ellas relacionadas con la literatura. Y aunque ya tenía experiencia docente en español para extranjeros por mi servicio social, mis inicios ya profesionales están ocurriendo en este momento, y con frecuencia busco sentido en lo que me ha traído aquí. ¿Por qué no alguno de los otros caminos posibles para una carrera como Lengua y Literatura Hispánicas? ¿Por qué no la edición de textos, la redacción publicitaria o el sesudo análisis literario?

 

La vocación docente y el aprendizaje: piezas que encajan

Creo que decidirse a enseñar un idioma es cosa seria. La lengua, como la danza, la pintura y la música, forma parte de la identidad y la cultura de las personas, pero resulta que, aunque una imagen diga más que mil palabras, siempre vamos a necesitar estas últimas. Como dice Yásnaya Aguilar, “no estamos danzando ni haciendo música todo el tiempo, aunque la lengua sí está presente a cada momento. Tú te despiertas y piensas en una lengua, vas y le hablas a tu perrito en una lengua […]”[1]. Si lo pensamos de este modo, enseñar un idioma se vuelve un asunto de gravedad y toma dimensiones que probablemente no habíamos considerado al inicio.

En cuanto a mí, tendría diecisiete o dieciocho años cuando de la manera más casual, alguien me preguntó en qué quería trabajar cuando terminara la licenciatura. Para entonces yo ya navegaba con la bandera de que iba a estudiar Lengua y Literatura Hispánicas, sin tener muy claro qué haría con eso después: era buena en ortografía y gramática, me gustaba escribir, me gustaba leer. El conocimiento sería un fin en sí mismo y no me planteé seriamente qué iba a hacer después, qué iba a ser con lo que supiera.

Respondí que iba a enseñar español a extranjeros sin reparar demasiado en la respuesta. Ahora creo que fui guiada por una inocente intuición adolescente en donde, de alguna manera, sentí que las piezas encajaban. En la escuela, siempre había estado dispuesta a explicar a mis compañeros los temas con los que necesitaban ayuda, (según yo, lo hacía bastante bien); la idea de conocer gente de otros países también me emocionaba, y el concepto de español como lengua extranjera parecía bastante compatible con el adjetivo hispánicas del nombre de mi licenciatura. Enseñar español para extranjeros sonaba bien.

Durante los años de universidad fui olvidando esa epifanía involuntaria y concentré mi energía en el momento presente, en entender teoría literaria, en leer todo lo que pudiera y hasta en confeccionarme un traje de escritora y artista, esto con toda la imaginación que ello requiere. Pasó el tiempo, sin embargo, y se hizo apremiante responder a la pregunta de lo que seguiría después de la vida de estudiante (cómo titularse, en qué trabajar, qué optativas tomar). Configuré entonces mis decisiones según el recuerdo de mi respuesta, años atrás, a aquella pregunta que surgió en un contexto tan poco solemne: Enseñanza de Español como Lengua Extranjera… Me sigue pareciendo curioso el hecho de que me acordé mucho mejor de esa situación que de los programas preuniversitarios de orientación vocacional.

Las historias de docentes de idiomas que conozco y con quienes he aprendido también son variadas. Teniendo formación profesional en ciencias exactas, artes, administración o ingenierías, tras cultivar diferentes habilidades y coleccionar experiencias de vida alrededor del mundo, se especializan posteriormente en la enseñanza de idiomas ¿Cómo es posible, pues, que siendo la enseñanza un tema tan serio, lleguemos a la conclusión de que nos queremos dedicar a ella tras venir de caminos tan diversos?

Vuelve entonces a mi mente la imagen de las piezas que encajan. En ese sentido, enseñar y aprender idiomas bien pueden ser procesos análogos: vamos acumulando experiencias e intereses que cobran sentido cuando los colocamos juntos y, de este modo, llegamos a la conclusión de que el siguiente paso es enseñar. Es algo similar a lo que pasa cuando pensamos y luego hablamos en otro idioma después de hacernos de nuestro acervo de vocabulario y gramática. La lengua es un asunto serio, pero también es un proceso que se lleva a cabo de manera natural.

 

La imaginación como constante

Asunto serio y natural es también la imaginación, otro aspecto que atraviesa de manera profunda tanto el aprendizaje de los idiomas como la decisión de dedicarse a su enseñanza. Como estudiantes, cuando aprendemos una lengua, es necesario imaginarnos hablándola: las películas mentales que podemos hacernos de nosotros mismos son el punto de referencia más valioso para saber cómo es ese futuro en el que podremos hablar esa lengua meta.

¿Qué pasa, en cambio con quienes nos lanzamos a la docencia? Pues bien, de manera inevitable uno se convierte en trabajador de la imaginación. Gran parte de las modernas metodologías pedagógicas en idiomas no pueden explicarse sin tomar en cuenta el proceso de imaginar: en el enfoque por tareas, por ejemplo ¿qué son las tareas, sino actividades de uso de lengua que tienen sentido en escenarios imaginados? Quien enseña idiomas es especialista de la imaginación, cultivándola en las personas a quienes guía en su aprendizaje, reinventándola dentro de sí.

Ahora, en el contexto de una pandemia que nos ha obligado a dar pasos agigantados en el terreno de las clases en línea, la imaginación reafirma su regencia. Ya no nos limitamos a imaginar las situaciones de uso de la lengua en el aula, sino también el aula misma, los espacios destinados al aprendizaje, la presencia de quienes guían la clase y la compañía de quienes nos acompañan en el proceso. Todo esto ha tenido que ser a través de herramientas que tanto estudiantes como docentes hemos aprendido a utilizar en poco tiempo, donde el ejercicio de la imaginación, como habitualmente ocurre, ha sostenido la eficiencia y el gozo propios del proceso de aprendizaje.

El proyecto sobre el que estoy trabajando, el PIEC, es reflejo y reivindicación de estos mecanismos. Las actividades interactivas, infografías y videos didácticos tienen el fin último de convertirse en esas piezas que encajen para formar una imagen más grande, un paisaje donde estén presentes entender gramática y aprender vocabulario y cultura. Y para lograrlo, es necesario que estos recursos didácticos digitales sean a la vez depositarios, generadores y catalizadores de la imaginación. Todavía no me puedo nombrar Maestra con M mayúscula, pero puedo reconocerme como trabajadora de la imaginación, y espero que a través de estos materiales, estudiantes y docentes puedan desatar sus propios procesos.

*Profesora de la UNAM-Canadá
 Gatineau, Quebec, Canadá

 


[1] Sánchez, K. (2021, March). Entrevista a Yásnaya Elena A. Gil. “La lengua tiene una carga política” | Letras Libres. Letras Libres. https://letraslibres.com/revista/entrevista-a-yasnaya-elena-a-gil-la-lengua-tiene-una-carga-politica/

 

 


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