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La Santa Alianza y su impacto político en la independencia de la América española, 1823.

Gustavo Peña Hernández*

Toda colonia que es bien tratada honra a su madre patria, pero se aparta de ella por la injusticia. Porque los colonizadores no son enviados en la inteligencia de que han de ser esclavos de los que quedaron atrás, sino que han de ser sus pares.

Tucídides "Causas de la guerra", en Historia de la Guerra del Peloponeso.

 

Every colony that is well treated honors to its mother country, but it separates from her because of the injustice. The colonists are not sent in the intelligence that they are to be enslaved of those who stay behind, but that they are going to be its equals.

Tucídides "Causes of the war", en History of the War of Peloponeso.

Resumen:

La Revolución Francesa inició un siglo de cambios políticos, económicos y sociales en el mundo; sin embargo, la conformación ideológica imperante no se dejó vencer. Klemens Metternich y el Zar Alejandro I de Rusia idearon una estrategia para contener los movimientos revolucionarios nacientes en Europa y en el Mundo. México tuvo que luchar no sólo en contra de la corona española que, apoyada por la Santa Alianza, pretendía prolongar el statu quo colonial en América. Por otro lado, Inglaterra, en su búsqueda de mercados y materias primas de bajo costo, contribuyó a minar el poder de la aristocracia agrícola y llevar al poder a los comerciantes, banqueros, industriales y financieros, quienes a su vez, apoyaron los movimientos de independencia de América Latina, con el objetivo de consolidar la hegemonía británica en el mundo.

Después de la derrota de Napoleón Bonaparte (1769-1821) en Waterloo, las potencias aliadas europeas reunidas en el Congreso de Viena de 1815, diseñaron una estrategia militar para evitar la "contaminación liberal" de sus sociedades. La hegemonía española en el viejo continente fue puesta en duda, un nuevo equilibrio de poder geopolítico se perfiló en el viejo continente, como señala Giovanni Arreghi (El largo siglo XX, 2007.p. 187): " cuatro son los momentos culminantes hegemónicos de la acumulación capitalista en la historia de la era moderna: la hegemonía genovesa, la veneciana, la holandesa y la británica, la última supo conjugar el poder de las armas y el capital y por ello su poder fue tan extenso".

La independencia de México va a ser reconocida por los países europeos en el momento en que Inglaterra emerge como nueva potencia hegemónica mundial y España pasa a ser potencia de tercer orden. La movilidad de poder hace que las viejas alianzas militares y defensivas sean puestas en duda, como afirma Henry Kissinger (Un Mundo Restaurado, 1973, p 12) al analizar la restauración de 1815: "entre las potencias de un determinado equilibrio siempre surge un descontento, ya que cuando va adquiriendo más poder económico, político y militar, considera opresivo el orden internacional o la forma de legitimización, eso hace que sus relaciones con las otras potencias sean revolucionarias"

El representante del emperador Francisco I de Austria-Hungría (1792-1806), el príncipe Klemens Metternich (1773-1859), el zar Alejandro I de Rusia (1777-1825), el rey Federico Guillermo de Prusia (1770-1840), así como los representantes ingleses y franceses, impulsaron en la reunión de Viena de 1815 la conformación de una alianza de fuerzas militares y subsidios económicos para combatir cualquier movimiento liberal que alterara el orden restaurado por el duque de Wellington (1779-1852) y el príncipe Metternich, quienes firmaron entre el 14 y el 26 de septiembre de 1815 el documento que conocemos como la Santa Alianza, cuyo espíritu lo define V.P. Potemkin (Historia de la diplomacia, Tomo II. p. 315) de la siguiente manera: "una alianza defensiva contra cualquier movimiento liberal, la cual fue bautizada como la Santa Alianza dado su carácter y organización de ideología monárquica y clerical que serviría para aplastar las revoluciones y la libertad de pensar y religiosa dondequiera que pudiese manifestarse."

 

Modernamente, Henry Kissinger (op. cit., p.13) coincide con Klemens Metternich al afirmar que este tipo de acuerdos o alianzas no sirven sino como entrenamiento diplomático: "Las conferencias internacionales se ocupan de repeticiones estériles de posiciones básicas y acusaciones de mala fe o de alegatos de "insensatez" y subversión. Se convierten en escenarios teatrales complicados donde se trata de aliar a los potencias no comprometidas a uno de los sistemas en pugna".

El objetivo de este trabajo es iniciar una investigación sobre las peticiones de ayuda que la Santa Alianza recibió por parte del Rey Fernando VII de España, para tratar de recuperar sus colonias americanas y el interés de Gran Bretaña por reconocer la independencia de éstas y desligarse de cualquier compromiso sobre este tema de sus aliados, así como iniciar nueva dinámica económica y financiera con los grupos liberales en el parlamento de Londres, que, presionaron por la caída de España como potencia continental así como el debilitamiento económico de Francia, para iniciar la conquista de mercados españoles, portugueses y de las nacientes repúblicas americanas, y consolidar la hegemonía británica en el mundo.

 

 

La Santa Alianza tuvo tres periodos claves que retrasaron el avance social de Europa y de América. El primero va de 1815 a 1822; el segundo empieza en 1823, cuando los aliados lograron organizar la intervención francesa en España para restaurar la política ultraconservadora de Fernando VII y desintegrar las Cortes de Cádiz; y el tercero tiene lugar en 1830, cuando el gobierno inglés entró en serias discrepancias con las potencias aliadas.




 

 

 

Los movimientos burgueses patrocinados por las nuevas fuerzas económicas liberales, el desgaste moral y financiero de la vieja aristocracia terrateniente, así como los movimientos de liberación nacional en América, aunados al descontento político en otras regiones del mundo colonial, exigieron un cambio del paradigma ideológico conocido.

 

 

Los tres congresos en que se reunieron las potencias de la Santa Alianza, ante el avance de las corriente liberales, fueron: Aquisgrán en 1818; el de Troppau-Laibach (Liublina), de 1820-1821; y el de Verona, de 1822 a 1824, cuyo objetivo fue combatir cualquier revolución y organizar las intervenciones armadas que fueran necesarias no sólo en Europa, sino en cualquier lugar del mundo.

No obstante, internamente la desconfianza política y militar entre los miembros de Santa Alianza empezó a minar el entendimiento; Metternich temía a las revoluciones nacionalistas de las minorías sometidas al imperio austriaco, a la intervención del Zar Alejandro apoyando a los ortodoxos de la región de los Balcanes, así como a una alianza secreta entre el Rey Luis XVIII (1755-1824) de Francia y el Zar de Rusia, que de consolidarse, daría una hegemonía de una gran parte de Europa, lo cual expondría las fronteras austriacas en el centro de Europa y sus territorios italianos.

La política absolutista se fue transformando; ahora la Francia Constitucional de Luis XVIII, representada por el Príncipe Richelieu, se convertía en la quinta potencia de la Santa Alianza, y lo hacía apoyando a tres de los monarcas más absolutistas de Europa. Inglaterra no firmó el Acuerdo de Viena de 1815; sólo se adhirió como lo hicieron el Vaticano y Turquía; gracias a ello, el gobierno británico podía abandonar la coalición en cualquier momento.






 

Internamente en Inglaterra, el Príncipe Regente entró en conflicto con el primer ministro, Lord Castlereagh (1769-1822), debido a la oposición del monarca por aceptar al ascenso de la burguesía en el parlamento, así como por la derrota política de la vieja aristocracia terrateniente. Era inevitable un cambio ideológico en su país, Lord Castlereagh y su gobierno burgués consideraron necesario implementar cambios sociales inmediatos para así evitar una revolución en Gran Bretaña.

La brutal represión de la Sublime Puerta contra los intentos independistas de los griegos hizo que el Zar de Rusia rompiera relaciones diplomáticas con el Sultán turco, y que ordenara la marcha de tropas para atacar Estambul, sin embargo, para principe Metternich, era necesario sacrificar a los griegos y contener a los movimientos en los Balcanes e intervenir en España, después de convencer y prometer subsidios británicos logró contener a los rusos, ante la decepción del movimiento independentista griego.

 

 

En España el movimiento del Coronel Rafael Riego (1785-1823), y del movimiento Constitucionalista, hizo que Fernando VIII jurara otra vez la Constitución de 1812 y reconociera la soberanía de las Cortes de Cádiz ya instaladas en Madrid. El monarca Borbón de inmediato despachó a sus representantes a Viena y solicitó el "socorro" de la Santa Alianza, contra la conjura judío-masónica de los liberales españoles y lograr el apoyo militar para recobrar sus "ingratas hijas" allende el atlántico.

Desgraciadamente para el rey español, su aliado británico Lord Castlereagh, murió y con él la influencia del Príncipe Regente en los asuntos de política exterior, el nuevo ministro Lord Georges Canning (1770-1827) no se prestó al juego de sus teóricos aliados, con un parlamento más liberal y con el apoyo de banqueros, financieros e industriales, logró evitar que Gran Bretaña participara en la empresa española, ante el enojo del Príncipe Regente y de Metternich, pero, con el rotundo apoyo de la burguesía británica.

Consecuentemente el Reino Unido cambió su política exterior, Lord Canning, aunque conservador, era un liberal y contaba con una gran experiencia política, elementos, que le ayudaron a tener una suficiente visión para abrir el Parlamento británicos a los agentes de presión económica e ir excluyendo a la nobleza poseedora escaños hereditarios, que desconocían por completo los cambios políticos en el mundo.

El programa en política exterior de Lord Canning respecto al continente americano reflejaba la nueva posición inglesa respecto a su interés por reconocer a las ex colonias españolas; como cita V.P. Potemkin (op. cit. p. 397): "  no combatir los movimientos de liberación nacional de Europa e Iberoamérica, sino todo lo contrario, utilizarlos, los pueblos que obtendrían su libertad y se constituirían en Estados que necesitarían una industria, una marina mercante, unas finanzas, en los primeros años necesitarían de todo ello y para a buscarlo acudirían, en primer término a Inglaterra"

Ahora la gran labor de Lord Canning y sus embajadores consistió en apartar a Inglaterra de cualquier compromiso respecto al "asunto español" e iniciar una política de espera hacia la Santa Alianza, por lo que en el Congreso de Verona de 1822 las potencias entraron en un gran desacuerdo. La ausencia de los embajadores ingleses, su resistencia a comprometerse en la campaña contra los liberales españoles, y el hecho de negarse a ver a los revolucionarios sudamericanos como simples rebeldes que se habían levantado contra el Rey de España empezaron a minar cualquier entendimiento.

En las primeras reuniones del Congreso, el Zar de Rusia y el Canciller austriaco animaron al representante de Francia para que fueran las tropas de Luis XVIII las que intervinieran en España, petición a la que se unió el Rey de Prusia. Pero el Duque de Wellington se opuso enérgicamente, pues Inglaterra pretendía continuar con su influencia económica y política en la península Ibérica

Ante la negativa inglesa de subsidiar la campaña española, el nuevo ministro francés Montmorency partió a París para entrevistarse con su Rey, mientras tanto el poeta Chateaubriend (1768-1848), retardó los debates e insistió que las fuerzas galas solas, podían derrotar a los liberales franceses. El 24 de mayo de 1823, el Duque de Angulema inició la intervención armada francesa en España, después de tres meses, entró a Madrid con sus tropas, en septiembre del mismo año, Fernando VII, era repuesto en toda su plenitud de poder absoluto. Ante el estupor de los intelectuales españoles, el monarca volvió a instalar las viejas instituciones monárquicas, ordenó la expulsión de diputados de las cortes, encarceló a políticos, etc. Mientras tanto, en América los gobiernos recién independizados tuvieron que recurrir a deudas para comprar armamento para su defensa en caso de cumplirse la amenaza del monarca de la reconquista.

El siguiente paso para Austria, Rusia y Francia, después de devolver el poder absoluto a Fernando VII, era ayudarle a recobrar sus colonias americanas, sin embargo, Lord Canning se opuso terminantemente y recurrió a la amenaza económica; sin los subsidios británicos no sería posible planear la invasión.

Secretamente se sabe que, a través de sus colonias en el Caribe, comerciantes ingleses y holandeses proporcionaron armamento de contrabando a las repúblicas latinoamericanas, aprovechándose del miedo de los gobiernos recién constituidos, los británicos recibieron buenas cantidades de plata y promesas de pago a largo plazo así como compromisos de exclusividad en la compra de mercancías inglesas en un futuro inmediato.

En 1824, en el Congreso de Verona, se trató un plan para tratar de recobrar América del Sur; Lord Canning hizo saber que su país no formaría parte de ese proyecto y que pronto firmaría un acuerdo comercial con la República de Buenos Aíres. No obstante, las protestas del Rey George IV y de los conservadores aceleraron la conclusión de acuerdos comerciales con las repúblicas sudamericanas, pues, en otro caso, aquellos mercados caerían en manos de los Estados Unidos.

Mientras tanto, la City de Londres y los industriales y comerciantes aplaudieron la decisión de Canning: así, en enero de 1825, el Reino Unido reconoció oficialmente como Repúblicas independientes a Argentina, Colombia y México. El enojo del Rey inglés y del príncipe Metternich fue grande y trataron de atacar al ministro pero el poder económico de su grupo de banqueros, industriales y comerciantes, calmaron la ira del soberano, que días después firmó los reales decretos por los que la corona británica reconocía a las repúblicas americanas.

Los mismos grupos de presión apoyaron la diplomacia de Canning; en el parlamento, la prensa respaldó su programa, pues el fantasma de la reforma electoral y de levantamientos populares se alejaron, los mercados de América absorberían la sobreproducción y con ello la economía inglesa iniciaba una nueva era de productividad y beneficios.

Las potencias de la Santa Alianza entretenidas en asunto domésticos, descubrieron que quedaban en desventaja ante los ingleses en el nuevo paradigma económico mundial, Gran Bretaña aprovecho el momento para asegurar la continuidad de su producción y de comercio, al establecer sus puntos estratégicos en el mundo, como lo asienta Rafael Bernal ( El Gran Oceáno,1992. P. 500): " En este aspecto siguió un sistema semejante al portugués de tres siglos antes y para ello ocupa Ciudad del Cabo, en el sur de África; Gibraltar, en la entrada del Mediterráneo; Malta, en la ruta a Suez; y a la compra de las acciones del canal, y cuando su dominio pasa a Inglaterra, ocupa Port Said y Adén. En el Atlántico establece en Santa Helena y en las islas Malvinas o Falkland, arrebatadas a Argentina, y que servirán sobre todo como bases carboníferas y para proteger la ruta de cabo de Hornos. Con ese mismo objeto se han creado las ciudades mercantiles de Hong Kong y Singapur".

Con este sistema de bases de combustible y seguridad militar, Inglaterra se aseguraba una fuente constante de materias primas para su industria a los precios más bajos posibles y, a la vez, mercados constantes para sus productos elaborados en su maquinaria. Era difícil que otra nación se enfrentara a este nuevo sistema; tal vez sólo Francia, como afirma Bernal (op.cit. 502): "En este sentido, en el siglo XIX, sólo Francia podía rivalizar con Inglaterra, pero había llegado tarde a la carrera colonial y la inseguridad política de sus gobiernos, durante todo el siglo, le permitían establecer una competencia peligrosa, Estados Unidos estaba demasiado ocupado en desarrollar la enormidad de su territorio y aún era cliente de la industria inglesa para muchos de los elementos necesarios para su propia industrialización".

 

 

Si bien Austria, Prusia y Francia, fortalecieron a la monarquía de los Borbones bajo Fernando VII, no pudieron evitar la pérdida de su imperio colonial en América. El monarca hispano no entendió los cambios que habían operado en el mundo con el pensamiento de la Revolución Francesa y el mundo moderno, intentó algunas acciones diplomáticas y armadas de reconquista en la ex América española.

El mundo colonial español ahora sólo se limitaba en América, a las islas de Cuba y Puerto Rico. En el pacífico no le quedaban más que las islas Filipinas, las Carolinas y las Marianas, sin embargo, para la corona española existía el temor de que los viejos nexos administrativos y culturales existentes entre la Nueva España y los filipinos alentaran a éstos a rebelarse contra la Corona Española.

Un claro ejemplo de estos movimientos lo ilustró el militar Alfredo Novales, quien inició el primer movimiento de independencia en 1823 al levantar a las tropas del fuerte de Santiago en la ciudad de Manila. Novales logró controlar la situación y por un día se autonombró Emperador de las Filipinas, pero el ejército español logró recuperar el control e imponer el orden colonial.

Mientras tanto, en la Habana, los españoles, expulsados de la República Mexicana, solicitaron a Fernando VII preparar un invasión, petición que fue dada a conocer ante los congresistas en Verona: en dicha solicitud se hizo mención de la división interna que existía entre los grupos de poder representado por las logias masónicas; el empobrecimiento del gobierno del presidente Victoria, que había empeorado por la salida de capitales españoles y el apoyo incondicional de los mismos españoles exiliados.

Fernando VII extendió al brigadier Isidro Barradas la real orden de dirigir la expedición, que partió de Cuba en Julio de 1829. La componían 40 buques y 3,000 hombres que arribaron al puerto de Tampico e inmediatamente se apoderaron de la plaza. El capitán general de Cuba, Francisco Dionisio Vives, se dirigió a los mexicanos a través de una manifiesto oficial: "Yo os ofrezco, mexicanos, en el real nombre del Señor Don Fernando VII que se echará denso velo sobre todo lo ocurrido en los ocho últimos años y que nadie será molestado ni perseguido de manera alguna, cualquiera que hayan sido sus opiniones políticas o conducta durante aquel desgraciado periodo "y para tan deseada pacificación, ha dispuesto su majestad una división respetable a las órdenes del brigadier D. Isidro Barradas a quien S.M. confía el restablecimiento de su gobierno paternal en todas sus provincias de Nueva España". (Hernández Monroy, Rosaura, Capítulos olvidados de la historia de México, 1994. P 195).

Este llamado no tuvo gran repercusión entre la población, la fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales hicieron que parte de las tropas invasoras partieran a Cuba y otra parte desanimada ante los sucesos políticos en España, la falta de fondos y los ataques sorpresa de los guerrilleros mexicanos, debilitaron a los invasores que tuvieron que retirarse.

No obstante la derrota de la expedición de reconquista, Fernando VII ordenó un ataque diplomático contra sus excolonias en Roma, tal como asienta Don Carlos Bosch, al citar la magnífica obra del Padre Luis Medina Ascencio (en Bosch García Carlos. El Reconocimiento de México por el Vaticano, 2000. P 217): "El Rey de España, sostenido por los aliados, estaba decidido a resistir tenazmente a las colonias rebeldes de ultramar; comprendiendo, por otra parte, que si sus gobiernos eran bien acogidos en Roma, recibirían con ello un apoyo moral enorme, que los confirmaría en su actitud rebelde, tuvo buen cuidado de mantener en aquella Embajada a quien pudiese alcanzar de la Santa Sede que no fuesen escuchados, ni atendidos los enviados de aquellos gobiernos".

Para acelerar las negociaciones, el gobierno mexicano nombró como representante ante el Papa al canónigo de Puebla, don Francisco Pablo Vázquez, quien de inmediato se comunicó con el Vaticano y felicitó al papa León XII por su elección como Sumo Pontífice. Sin embargo, la caída del gobierno liberal en Madrid y la recuperación del poder absoluto del rey intensificó la influencia del Embajador Vargas Lugo, en la Corte Papal, quién defendió la causa del monarca Borbón y retardo el encuentro del papa con el representante mexicano.

El acercamiento del gobierno republicano al Vaticano pronto se vio empañado ante un breve del Sumo Pontífice quien, presionado por la Santa Alianza, invitaba a los obispos de América a restablecer el viejo orden político; así los cita Don Carlos Bosch,(Op. cit. P 219): " Las augustas y distinguidas cualidades que caracterizan a nuestro muy amado hijo (en Cristo) Fernando, Rey Católico de las Españas, cuya sublime y sólida virtud le hacen anteponer al esplendor de su grandeza, el lustre de la religión y la felicidad de sus súbditos; y si con aquel celo que es debido".

Con esta declaración el gobierno de México y su representante, decepcionados, demostraban al Congreso mexicano que el Papa se encontraba totalmente ligado a los intereses de la Santa Alianza, al tratar de favorecer al rey de España.

Un cuestionamiento del Padre Medina y que destaca Bosch es el siguiente: ¿Cómo nos explicaríamos la negativa de recibir a los representantes latinoamericanos como oficiales? Roma tenía mucho que ver con la política de la Alianza y a través de ella, España que actuaba dentro de los límites de legitimidad de sus aliados, pues en cuanto España salió de dicha Alianza se hizo más viable el reconocimiento del Vaticano.

A mediados de 1824, la Santa Alianza enfrentó nuevos movimientos liberales en España, Portugal, Nápoles y Grecia en donde se desataron revoluciones para instaurar monarquías constitucionales al estilo británico, es decir limitar el poder de los reyes por medio una constitución que estableciera derechos y deberes de gobernantes y gobernados.

En 1825 la Santa Alianza entró en su fase final al morir el Zar Alejandro I, y al extenderse los movimientos nacionalistas y republicanos, la República mexicana, ahora tenía que enfrentar amenazas internas, como la conspiración del Padre Arenas de 1827, un religioso español de la orden de San Diego, que se dirigió al comandante militar de la Ciudad de México al que comunicó los siguiente:   " que el rey Fernando había nombrado un comisionado regio, que se hallaba en territorio mexicano con amplios poderes para obrar; que había muchos generales, canónigos, comerciantes y otros personajes comprometidos y juramentados" (Gran Historia de México Ilustrada. 158).

Entre 1829 y 1834 los movimientos revolucionarios se iniciaron en Francia y, prácticamente, se extendieron por toda Europa para exigir el fin del absolutismo. La revolución contra el rey Borbón Carlos X comenzó en 1830; ya sin apoyo de la Santa Alianza, el monarca tuvo que aceptar la instauración en Francia de de una nuevo monarquía de carácter constitucional. El nuevo monarca Luis Felipe de Orleans aceptó las ideas del liberalismo, el poder pasó a manos de la alta burguesía integrada por industriales y banqueros.

En España al morir Fernando VII en1833, las discusiones dinásticas capturaron la atención de los políticos y del pueblo. De acuerdo a la ley de la pragmática, la hija de Fernando de Borbón, Isabel II, era la nueva soberana, sin embargo Don Carlos María de Borbón (1768-1855), se opuso a ello, y con ello se dio origen a las guerras carlistas. Ambos personajes continuaron negando la realidad del fin del imperio español.

Finalmente, La Santa Alianza se desintegró en 1830, el orden internacional pretendido por Metternich y bautizado por Kissinger como el "Orden Restaurado", que duró un siglo no pudo desterrar las libertades de los pueblos ni de los postulados de la Revolución Francesa. México padeció estos embates a través de España, pero realmente fueron los poderes de ese entonces los que atacaron su libertad; sin embargo, logró su independencia.

Mientras tanto, los Estados Unidos de América aprovecharon el momento para dar a conocer su posición frente a los europeos; unilateralmente difundió la tesis del Presidente Monroe de considerar una amenaza cualquier intervención europea en territorio americano, y que se resguardaba el derecho de declarar la guerra a la potencia que lo hiciera.

México nacía en un momento de trasformación de paradigma económico y político. Inglaterra controlaba las finanzas, el comercio, la industria, la navegación y con ello un poder militar pocas veces visto en el mundo, tal y como predijo Lord Canning, México y la América Latina serían sus mercados durante el siglo XIX y parte del XX.

Se ganó la independencia política, y el camino por recorrer a partir de ese momento fue, es y será el tratar de lograr, en otro momento, la independencia económica que nos lleve a un desarrollo económico, político y social que nos muestre que las luchas pasadas en contra de la Corona española, la Santa Alianza y diversas conspiraciones fueron útiles en nuestro devenir histórico.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA.

1. Arrighi, Giovanni. El Largo Siglo XX: Dinero y poder de los orígenes de nuestra época. Madrid.

Editorial AKAL, col. Cuestiones de antagonismo. 1999.

2. Bernal, Rafael. El Gran Océano. México. Banco de México. 1992.

Bosch, Garcia. Carlos. El reconocimiento de México por el Vaticano en Antología de Política Exterior de México. Tomo I. Centro de Relaciones Internacionales. Facultad de Ciencias Políticas y sociales. Universidad Nacional Autónoma de México. México. 2004.

3. Hernández, Monroy. Rosaura. Capítulos olvidados de la historia de México. México. Readers Digets México. 1994.

4. Kissinger, A. Henry. Un Mundo Restaurado.Fondo de Cultura Económica. Primera edición en español. México1973. Título original. A World Restored: The Politics of Conservatism in a Revolutionary Age. The Universal Library. N.Y. 1964.

5. Potemkin, V.P. ET. Al. Historia Diplomática, Tomo I. Primera edición en español, México. Editorial Grijalbo. 1966.

6. Seara, Vázquez. Modesto. Del Congreso de Viena a la Paz de Versalles. Tomo I.Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México. 1969.

7. Vázquez, Zoraida Josefina. Coordinadora. Gran Historia de México Ilustrada. Tomo III. Segunda edición. CONACULTA-INAH-Planeta de Agostini. México. 2002.

 

* Profesor de Historia
CEPE-CU, UNAM, México, D.F.