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Mi padre

Craig Laberge

Recientemente me di cuenta de que no tenía ninguna foto de mi padre. Hace muchos años se quemaron todas en un incendio.

Mi padre nació en Estados Unidos, en el norte del estado de Nueva York, cerca de la frontera con Quebec, una provincia de habla francesa de Canadá. Sus padres, mis abuelos, venían de Quebec y se habían mudado allá con sus familias cuando mi padre era niño.

Aunque hablaban todavía francés en casa, los niños no podían escribirlo bien. Sus tradiciones eran una mezcla de las de Estados Unidos y las de sus antepasados: las emisiones de radio y televisión, y la vida cotidiana estadunidense junto con la música, la comida, los cuentos y los recuerdos de la niñez. Según mi madre, mi padre creció en aquel ambiente turbio y no sintió pertenecer del todo a una parte u otra culturalmente.

Cuando mi padre tenía 15 años, se trasladaron otra vez a Quebec, a un pueblo a no más de 20 kilómetros de su hogar en Estados Unidos. Era un pueblo de gente de habla francesa y de habla inglesa, y él siguió sus estudios en inglés, pero hablaba los dos idiomas en casa y en la calle.

También sé muy poco de su vida de adulto y la mayor parte de mi conocimiento viene de mi familia. Pasó la Segunda Guerra Mundial en Bellacoola, una aldea de indígenas en la costa canadiense occidental. Al regresar quiso ser director (?) de pompas fúnebres, pero no pudo aguantar la tristeza de este puesto y de repente un día, después de la muerte de un niño, lo abandonó.

En seguida trabajó con mi abuelo en su negocio de plomería. Poco después se conocieron mis padres, se casaron y procrearon tres niños, yo y mis dos hermanas menores. Por ser mi madre inglesa, nunca hablábamos francés en casa. Mi padre tuvo una vida con altibajos normales, éxitos y fracasos en los negocios y familiares. A él le gustaba la comida china, el golf y los carros grandes.

 

Casi nunca fue a la iglesia a pesar de la desaprobación de mi abuela. Me parece que fue un hombre amable, generoso y decente. Pero de su índole interior no sé nada con seguridad, ni puedo recordar su risa, su olor, sus chistes, ni siquiera sus facciones.

Se murió cuando yo tenía 15 años. Un día fue al trabajo y una hora más tarde estaba muerto. Hoy en día, después de tanto tiempo, sólo tengo recuerdos vagos y borrosos, más sueños que recuerdos fijos. De la cultura de mis abuelos y sus antepasados poseo pocos fragmentos, cuentos de cuentos, sueños de sueños.

Nunca conoceré mi padre. No creo que una foto me ayude en eso nunca, pero sí conseguiré una para recordarlo físicamente al menos.